Dialéctica Socrática: hablar bien y pensar mejor

hablar, pensar, razonar, comunicarse

Dominar el Arte de la Dialéctica

Reescribe directamente nuestra forma de organizar el pensamiento y se refleja en nuestra comunicación.

“Todos los seres humanos se esfuerzan por argumentar y sostener afirmaciones, por defenderse o acusar. La mayor parte lo hace irreflexivamente o por un hábito que reside en su carácter.” dijo Aristóteles.

El lenguaje hablado es intrínseco a la naturaleza humana y uno de los factores determinantes de que podamos vivir en una sociedad organizada. Nos permite expresar ideas, compartir experiencias e intercambiar conocimientos con el otro. Y para ello utilizamos las palabras y una sintaxis más o menos compleja, porque a la hora de hablar con los demás, no sólo soltamos palabras sin más, sino que las estructuramos, coordinamos y ordenamos con el fin de hacernos entender y expresar algo coherente.

Cierto, hablamos para expresarnos, relacionarnos y comunicarnos. Existen muchos escritos acerca del lenguaje y su importancia en la evolución de la humanidad. En este artículo nos centraremos sobre la relación que existe entre hablar y pensar y cómo un buen entrenamiento en Dialéctica Socrática permite estructurar tanto el pensamiento como el habla y mejorar la comunicación.

Antes de nada, nos parece muy útil citar a Max Weber en su “Enciclopedia del saber relativo y el saber absoluto” ya que su resumen de la comunicación nos parece muy contundente:

“Entre
Lo que pienso
Lo que quiero decir
Lo que creo decir
Lo que digo
Lo que usted quiere oír
Lo que usted cree oír
Lo que oye
Lo que usted quiere comprender
Lo que usted cree comprender
Lo que comprende.

Existen diez posibilidades de que tengamos dificultades en comunicarnos. Pero probemos igualmente…”

Max Weber
hablar y escuchar correctamente
Seguimos con muchos problemas a la hora de comunicarnos

Quien dice Diálectica Socrática dice Diálogo

Un espacio que propicia la comunicación

En un taller de Dialéctica Socrática, el hablar se enmarca en un contexto de diálogo – del griego “dia-logos” – que significa el intercambio entre dos pensamientos (logos) que buscan alcanzar una idea mejor o superior.

Y si algo podemos afirmar es que en todos los talleres que damos se repite un patrón común:

hablar, conversar, escuchar

  1. El emisor no se expresa correctamente aún pensando o creyendo que sí.
  2. El receptor no escucha y/o a menudo entiende lo que quiere o cree entender, preso de sus prejuicios y sesgos.

La práctica de la Dialéctica Socrática repercute directamente sobre nuestra manera de comunicarnos  y aborda este patrón desde la lógica aplicada al discurso y razonamiento.

Permite corregir muchos de los errores de la comunicación porque todo el ejercicio se centra tanto en razonar como en aprender a hablar y escuchar correctamente. A continuación daremos algunas pistas…

El emisor: ¿Qué es expresarse correctamente?

Hablar bien es importante
Hablar

Hablar mal está a la orden del día. Y diciendo esto no nos referimos a que alguien use un lenguaje grosero expresándose de mala manera, sino que más bien hay una tendencia en cuidar menos el lenguaje, en olvidarse que las palabras tienen su significado y que una sintaxis correcta es imprescindible a la hora de comunicarnos. Basta con ver cualquier debate televisivo para darse cuenta que se habla de todo sin decir nada y que los participantes usan las palabras sin referirse a sus definiciones  sino que las enmarcan muy lejos de sus significados o recurriendo a un “para mí eso significa”.

Y es que en el lenguaje no existe el “para mí”, las palabras tienen su significado y afortunadamente cada idioma se habla por medio de palabras asociadas a definiciones universales para todos. Hablar correctamente es primero saber escoger y utilizar las palabras adecuadas para expresar una idea.

Usamos muchas palabras indebidamente, como la palabra “celebrar”. ¿Cuántas veces oímos este acto es para celebrar el aniversario de la muerte de …? Sin embargo, celebrar, implica festejo, ¿y quién quiere festejar la muerte de nadie? El léxico del castellano es muy rico, y para este tipo de actos, más solemnes, existe ya la palabra “conmemorar” que apela de hecho a la memoria.

O sea, uno tiene que conocer las palabras y sus significados y usarlas adecuadamente. Un buen dominio del léxico permite mayor asertividad a la hora de expresarnos, hace que seamos concisos y que emitamos un mensaje claro. Igualmente, cuánto más extenso sea nuestro léxico mejor pensamos en conceptos abstractos y adquirimos más recursos para poder reflexionar.

La sintaxis y la gramática sí importan

Influyen directamente en el sentido de las frases

Nuestra forma de hablar está directamente relacionada con nuestra mente y el procesamiento de los pensamientos y de la información. Hablar correctamente nos ayuda a estructurar nuestros pensamientos y esto se refleja en nuestro discurso. Cuanto más correcta es nuestra sintaxis y gramática a la hora de comunicarnos, mejor aplicamos la lógica a nuestros razonamientos. En el lenguaje el orden de los factores es imprescindible y afecta al resultado final.

Ejemplo:En conmemoración del Día del Sida, se realizará una difusión de la enfermedad en la Plaza”.  – Está claro que pocos asistirán…

En este caso, lo correcto habría sido: “En conmemoración del Día del Sida, se realizará una difusión acerca de la enfermedad en la Plaza”.

Pasa también con: “Está de baja tras morir casi ahogado en la playa” – Entonces ¿murió o no murió? - podríamos preguntarnos? Lo correcto sería “Está de baja porque casi muere ahogado en la playa”.

pensar, hablar, estructurar

Dialogar implica hablar para alguién

¡No te olvides de quien es el receptor!

En un diálogo, nunca debemos olvidar que hablamos para otro (receptor) quien para comprender necesita que lo que expresemos esté acotado correctamente: “Hoy en día todo el mundo tiene de comer.” – Eso podría ser cierto siempre y cuando estemos en un contexto occidental, y, aún así, se tendrían que contemplar en qué parte de Occidente y en qué medida es o no cierto, qué se entiende por “todo el mundo” y por “comer”. Fuera del contexto, sería totalmente falso, de allí, muchas veces la necesidad de añadir algo que acote nuestras frases y las ubique en el contexto adecuado.

Y si bien las palabras tienen sus definiciones, no podemos negar que hay palabras que siempre implican una subjetividad. Esto pasa por ejemplo cuando hablamos de “Violencia”.

En el diccionario de las Real Academia Española (RAE), la palabra "violencia" se define como:

  1. f.Cualidad de violento.
  2. f.Acción y efecto de violentar o violentarse.
  3. f.Acción violenta o contra el natural modo de proceder.
  4. f.Acción de violar a una persona.

A la hora de la verdad, lo que a uno le resulta violento a otro puede que le pase totalmente desapercibido.

Tampoco se entiende la violencia de la misma manera según el país y cultura en la cual nos encontramos, por ejemplo, no enseñes el gesto OK en Turquía, se interpreta como una ofensa.

Cuando hablamos, siempre es bueno acotar y definir los términos si prestan a interpretación, y no estamos invitando a un “para mí” sino, a acotar correctamente la definición y añadir el “extra” que permite a quien escucha entender a qué nos referimos.

hablar, comunicarse, dialogar, pensar

Hablas para que te entiendan

¡Define, acota y sé preciso!

Y, por supuesto, tenemos que intentar luchar contra nuestros propios prejuicios y sesgos para acercarnos en la mayor medida a la realidad tanto a la hora de expresarnos como a la hora de escuchar.

El receptor: ¡cuidado!

Un rol tan importante como el del emisor.

Si hablar mal está a la orden del día, el saber escuchar deslumbra por su ausencia. Quizás junto con aprender a detectar y eliminar los prejuicios y sesgos sea lo más difícil de enseñar. Sin embargo “El arte de debatir es el arte de escuchar” – si uno no escucha no hay diálogo posible.

En la dialéctica, cuyo fin es discernir juntos la realidad, el rol del receptor es tan importante como el del emisor. Es quien tiene que escuchar el mensaje (y decimos escuchar y no oír que es un concepto distinto), comprender su significado, analizar si es correcto o no y por consiguiente, ser capaz de argumentar sobre el mismo.  ¿Parece fácil no? Pues en la práctica no lo es.

Lo más normal en el día a día es prestar poca atención al significado de las palabras emitidas por el emisor. Un ejemplo muy claro es el juego del teléfono escacharrado. En un coro, quien inicia el juego le cuenta un mensaje al oído del vecino y así sucesivamente. El último en recibir el mensaje tiene que decirlo en voz alta. El resultado debería ser el mensaje original pero raras veces los participantes aciertan.

La escucha activa suele ser deficiente en la mayoría de las personas. Además, no nos paramos en analizar qué se dice y menos cómo se estructura. Eso da pie a muchos diálogos absurdos o malentendidos. Haced un experimento y observad en vuestro entorno cuando dos o más personas discuten sobre un tema: ¿seguro que todas las partes están discutiendo acerca de lo mismo?

De igual manera que el emisor no siempre usa correctamente las palabras, el receptor, si es que escucha, suele interpretar las mismas en base a “creo que”, “para mí” significa esto o lo otro o da por sentado a las palabras definiciones incorrectas. ¿Cuánta gente de vuestro entorno consulta el diccionario a la hora de discutir? ¿Cuántas veces pedís que os aclaren un término para aseguraros de haber entendido bien?

Por si no fuera suficiente, nuestra mente está programada para oír y comprender lo que queremos. Sí, nuestros prejuicios y sesgos cognitivos hacen que por defecto y de forma inconsciente oigamos principalmente lo que convalida nuestra forma de pensar y rechacemos lo que no lo hace.

oír, ver, escuchar, hablar

El arte de debatir es el arte de escuchar

Quien no escucha, no debate

Uno de los aspectos fundamentales de la Dialéctica Socrática y de nuestros talleres es enseñar a las personas a escuchar y analizar el discurso ajeno para poder discutir juntos en torno a lo que se dice y no de lo que se quiere comprender. Eso implica aprender a fijarse en el lenguaje y las palabras, hacer el esfuerzo mental de entender el significado de las mismas, incrementar su atención como oyente, aprender a hacer las preguntas correctas y pertinentes para asegurarse de entender correctamente la información, descubrir cómo luchar contra sus prejuicios y sesgos, ser crítico con el lenguaje y tener una postura abierta al diálogo.

RESUMIENDO...

Existe una estrecha relación entre hablar, pensar, escuchar, dialogar

Un buen entrenamiento en Dialéctica Socrática no solamente incide en mejorar la comunicación entre sus participantes sino que también incide directamente sobre sus capacidades de pensar y razonar correctamente.

Tanto nuestra forma de hablar como nuestra forma de escuchar están directamente relacionadas con nuestra mente y el procesamiento de los pensamientos y de la información

Hablar bien y escuchar correctamente son facultades que se aprenden por medio de un buen conocimiento del lenguaje y un entrenamiento: cuánto más entrenes, mejor te comunicarás con tu entorno.

Mejorar nuestra comunicación nos permite optimizar tiempo y recursos e incrementa nuestras habilidades sociales.

Y terminamos este artículo con las sabias palabras de Aristóteles que decía respecto al habla:

“Pero si podemos hacer una cosa espontánea o in-conscientemente, podremos también, por supuesto, reflexionar sobre cómo lo hacemos y crear un método de acción, teorizando así sobre el modo en que logramos nuestro fin, tanto si actuamos espontáneamente como si lo hacemos por hábito. Y todos admitirán que un conocimiento de esa índole puede denominarse arte” (Aristoteles Rhêt. {1354 a 6-12}).

Arístoteles

Artículo escrito por Catherine Pisarski - Co-fundadora de Crea Debate.

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